Las ventanas aislantes, además de preservar de los cambios térmicos, ayudan a aminorar la contaminación acústica, aumentando el confort.
Las más habituales son las de doble acristalamiento en todas sus variedades, aunque existen más modalidades.
Este tipo de acristalamiento ha pasado de ser una novedad en los edificios, para convertirse en algo habitual. Su principal ventaja respecto a las clásicas de un solo cristal, es su excelente capacidad aislante térmica y acústica. El beneficio que ofrece este tipo de ventanas ha hecho que su expansión haya sido muy rápida, hasta el punto de ser utilizadas en la fabricación de nuevos edificios.
Si se está pensando en instalar ventanas aislantes, no debe considerarse su desembolso como un gasto, sino como una inversión que permitirá posteriormente un importante ahorro de energía en lo que a equipos de climatización se refiere, ya que permite evitar las fugas de calor en invierno y la entrada del calor en verano.
Ventanas y confort
El doble acristalamiento consigue ser un aislante térmico, con notables propiedades de atenuación acústica, compuesto por dos o más vidrios de calidad óptica que permiten un perfecta visión. Entre estos dos vidrios transparentes existe una cámara de aire estanca que se obtiene gracias a un perfil separador, que contiene un absorbente de humedad. Los dos vidrios van adheridos al perfil separador por sendos cordones de butilo que constituyen una barrera de estanqueidad.
Una segunda barrera que sirve para sellar, está constituida por poli-sulfuro inyectado a presión, entre el borde exterior del marco separador y los dos bordes de los vidrios. El conjunto delimita y garantiza un volumen de aire seco entre los dos vidrios transparentes.
Ventajas térmicas
El doble acristalamiento dificulta los intercambios de temperatura entre los dos ambientes que delimita, aislando tanto del frío como del calor. Esta reducción de los flujos de calor respecto de un acristalamiento simple es debida a la resistencia térmica del aire seco y en reposo encerrado en su cámara. El calor siempre pasa a través del vidrio desde la zona caliente a la fría. En invierno, el calor producido por la calefacción tiende a escaparse al exterior. En verano el calor está en el ambiente exterior y tiende a penetrar al interior del edificio.
En invierno, la cara del cristal de la ventana expuesta al interior de la vivienda, posee una temperatura superior a la de un vidrio monolítico, por lo que se reduce el efecto de pared fría y en consecuencia, el riesgo de aparición de las condensaciones que normalmente empañan los vidrios monolíticos. Esto permite una estancia más confortable, incluso en las zonas próximas a las ventanas, consiguiendo incluso un ahorro energético respecto al vidrio de un 50%, cantidad muy considerable en caso de grandes cristaleras.
Para atenuar el ruido
Vivir en una ciudad, conlleva una serie de molestias en lo que a la contaminación acústica se refiere. Las ventanas de doble acristalamiento, palian de manera considerable la penetración de las ondas sonoras, lo que permite vivir un poco más tranquilo.
También existen sistemas específicos que permiten disminuir el ruido, sin tener que renunciar a sus ventajas térmicas, es el caso de algunos vidrios laminares específicamente desarrollado para atenuar la contaminación acústica. Estos sistemas están indicados para ocasiones en las que el entorno de la vivienda registra grandes niveles de ruido o se precisa un alto índice de silencio. Si con el doble acristalamiento, los ruidos disminuyen de manera considerable, estos cristales pueden conseguir una reducción del 50% respecto a este último.
Via: mundogar.

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